Autorretrato Sonoro 001

F-BodyNoise

[Texto de Rayos Uva]

 

La tecno-sexualidad aparece por primera vez durante el siglo XVIII, como consecuencia del cambio del poder soberano al biopoder. La transformación derivada de las industrias manufactureras significó que el éxito de la economía dependía de la productividad de los empleados. Por tanto, los gobiernos necesitaban más poder sobre los cuerpos de los trabajadores individuales para asegurar dicha productividad. El biopoder se expande por la sociedad como una red y constituye una vigilancia constante sobre el individuo, proveniente desde múltiples direcciones al mismo tiempo. Para Foucault, este biopoder origina la obsesión de las sociedades capitalistas blancas con la disciplina corporal y alcanzar la normalidad. El cuerpo se encuentra inmerso en una red de relaciones de poder jerarquizada según la normatividad.

 

Durante el siglo XIX surgen los modelos normativos de atracción y las prácticas patológicas del placer, y se comienza a experimentar con una serie de arquitecturas anatómicas y que reafirmarán estas tesis al servicio del biopoder y la normalización (instrumentos para intervenir sobre la producción del placer femenino, artefactos para impedir la masturbación, la mecanización del orgasmo masculino, las camisas de fuerza, etc.).

 

Se trata de exoesqueletos, estructuras de la disciplina que crean cyborgs analógicos al servicio del poder. Son arquitecturas de la represión, una ortopedia sexual que reproduce la idea de la prisión, la única diferencia es la escala, y el común denominador es el control y el poder sobre los cuerpos extraños.

 

La tecnología del siglo XXI posibilita nuevas arquitecturas de control sobre los cuerpos, pero también un nuevo catálogo de dispositivos y atracciones de resistencia, capaces de subvertir lo normativo, capaces de rebatir el poder. La red constituye la principal arma de difusión de estas políticas de lo periférico, pero también es una herramienta de aprendizaje fundamental. El ‘do it yourself’ como paradigma del empoderamiento en contra del academicismo y la normatividad. Los dispositivos tecno-sexuales se convierten en dispositivos políticos que evidencian lo prohibido, lo silenciado y lo privado. Arquitecturas que ponen en cuestión lo antes catalogado como abyecto y diferente.

 

La pieza se define como la inserción entre formatos y disciplinas, No es arte sonoro, no es performance, no es net-art; es todo lo anterior. El prototipo realizado se construye con una placa de silicio, cuatro cables rígidos, un chip 384, una entrada de mini-jack, un amplificador y una resistencia LDR. La pieza se activa mediante la interacción física entre dos cuerpos. Un cuerpo toca el cable A, el segundo toca el cable B. Cuando los dos cuerpos entren en contacto, el dispositivo genera sonidos diferentes en función de la parte del cuerpo que se toque, evidenciando así diferentes políticas de lo físico y corporal hasta ahora oprimidas.

 

El dispositivo transforma el contacto cotidiano en performativo y político, genera un discurso tecno-afectivo/tecno-sexual que pone en cuestión el límite entre fisicidad y tecnología, entre lo privado y lo público, entre lo oculto y lo visible.

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